miércoles, 6 de agosto de 2014

El Mejunje no es lugar para la contrarrevolución

 

Ramón Silverio, el director del proyecto cultural El Mejunje, ya perdió la cuenta del número de personas que recibe a diario en la institución, a donde llegan cada día cientos de visitantes de todas partes del mundo atraídos por la magia del lugar

SANTA CLARA.— Ramón Silverio, el director del proyecto cultural El Mejunje, ya perdió la cuenta del número de personas que recibe a diario en la institución, a donde llegan cada día cientos de visitantes de todas partes del mundo atraídos por la magia del lugar.

Por muchísimas razones, la mayoría de quienes allí asisten quieren conocer e intercambiar con el creador de la maravillosa idea, unos para felicitarlo y otros con el objetivo de indagar acerca de las características del propósito cultural.

En esos contactos, Silverio ha debido aprender a distinguir entre los que van allí para recrearse o pasar un buen rato, y aquellos que vienen imbuidos de malsanos propósitos, como ocurrió con el costarricense Fernando Murillo, quien trató de valerse del director de El Mejunje y los muchachos que integraban el proyecto de música alternativa Revolución, para dañar nuestro sistema social.

Hay un viejo refrán que dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo, recuerda Silverio, quien rememora con extrema nitidez las numerosas propuestas y ofrecimientos que realizó Fernando Murillo a los integrantes del proyecto, aprovechando para ello las carencias que presentaba el grupo en materia de computadoras, cámara de video y otros equipos necesarios para el buen funcionamiento de la agrupación.

Aquello me daba mala espina, dice el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, quien al ver tantas promesas y tan pocos aportes, comprendió que estaba en presencia de un farsante, ante cuya sospecha convocó a los integrantes del elenco, entre ellos Carlos Fernández y Manuel Barbosa, alertándolos para que se separaran de aquella gente extraña. Y así lo hicieron, refiere Ramón.

El propio reportaje de la agencia AssociatedPress (AP) reconoce la sorpresa de los miembros del proyecto Revolución y de otros jóvenes cubanos contactados cuando descubrieron la mano de Estados Unidos detrás de los "inocentes" proyectos culturales y humanitarios.

Ramón añade que, antes de marcharse de Cuba, Fer­nando Murillo fue personalmente a su casa para quejarse del comportamiento de los muchachos, a quienes consideraba unos "malagradecidos" por no confiar en quien tanto los había ayudado.

Ahora que se conocen los verdaderos propósitos de los agentes contratados por la USAID para subvertir el orden en Cuba, el director de El Mejunje siente una gran indignación, y la satisfacción de no haber confiado en aquellas personas que trataron de impedir que la cultura continuara siendo escudo y espada de la nación cubana.

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